a
a1
1. Primera letra del abecedario español y del orden latino internacional. Su nombre es femenino: la a (es una de las excepciones a la regla que exige el empleo de la forma el del artículo ante sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica; el, 2.1 y 2.3). Su plural es aes.
2. Representa el sonido vocálico /a/. Forma parte, junto con la e y la o, de las llamadas vocales abiertas o fuertes.
a2
Preposición. Se exponen a continuación las cuestiones dudosas más frecuentes que plantea su uso:
1. a + complemento directo. Hay casos en que su presencia es forzosa, casos en que no debe utilizarse y casos en que puede aparecer o no. En lo que respecta al uso actual, pueden establecerse las siguientes reglas generales:
1.1. Uso forzoso:
a) Ante nombres propios de persona o de animal: Vi a Pedro en el cine; Dejé a Pluto en la perrera.
b) Ante nombres colectivos de persona cuyo referente es determinado o consabido: Dispersaron a la multitud; Echaron a la gente del parque; pero Vi una multitud avanzando hacia el estadio o Necesito gente para acabar el trabajo.
c) Ante nombres comunes de persona cuyo referente es un individuo concreto, y no uno cualquiera entre varios posibles: Vi a los hijos del vecino escalar la tapia; Eligieron a ambos jugadores para la selección brasileña. (Para el uso con referentes no específicos o indeterminados, 1.2a, b y c).
d) Ante nombres comunes de persona que, aun siendo inespecíficos o no consabidos, son complemento directo de verbos que suponen afectación física o psíquica (acompañar, admirar, afectar, alabar, amar, empujar, engañar, golpear, maltratar, matar, odiar, perjudicar, saludar, etc.): Acompañó a una anciana hasta su casa; Admiro a los políticos que saben defender sus opiniones; Engañar a un jefe es imposible.
e) Ante nombres comunes de persona precedidos de un indefinido, cuando son complemento directo de verbos de percepción como mirar, observar y oír: Estaba mirando a una señora cuando sentí que me llamaban; Observé a algunos niños que jugaban al fútbol; Oí a una mujer cantar ópera. (Con otros verbos de percepción como ver y conocer, puede aparecer o no la preposición; 1.2b).
f) Ante las formas tónicas de los pronombres personales mí, ti, sí, él, ella, usted, nosotros/as, vosotros/as, ustedes, ellos/as: ¿Dices que me vio a mí en el teatro?; No creo que a ustedes los escuchen.
g) Ante pronombres demostrativos o posesivos cuyo referente es una persona: Vi a ese hablando con tu jefe; A ella no le gusta mi novio y yo no soporto al suyo.
h) Ante los pronombres indefinidos cuyo referente es una persona (alguien, alguno, nadie, ninguno, todos, uno, etc.), salvo cuando funcionan como complemento directo del verbo haber ( 1.3e): Llévate a alguien a la fiesta; No conozco a nadie; Os necesito a todos. Con verbos como buscar, encontrar, hallar, necesitar o tener, la preposición puede aparecer o no: Busco (a) alguien que me ayude; No necesito (a) nadie que me acompañe.
i) Ante los relativos de persona quien, el que, la que y sus plurales, cuando ejercen la función de complemento directo del verbo subordinado: Ese es el hombre a quien o al que golpearon. A diferencia de quien, el relativo que, cuando tiene antecedente de persona y se usa sin artículo, nunca lleva preposición en función de complemento directo: Las personas que amamos... (no Las personas a que amamos...).
j) Ante el pronombre interrogativo de persona quién: ¿A quién buscas? ¿A quiénes visteis en la fiesta?; y ante el pronombre interrogativo cuál referido a persona: ¿A cuál de los dos encontraste llorando?
k) Ante nombres de cosa, para evitar ambigüedades, cuando el sujeto y el complemento van pospuestos al verbo: Venció la dificultad al optimismo. No obstante, es preferible en estos casos anteponer el sujeto, lo que permite prescindir de la preposición ante el complemento directo: La lectura enriquece la vida.
l) Ante nombres de cosa, cuando son complemento directo de verbos que significan orden lineal o jerárquico, como preceder o seguir, y otros como acompañar, complementar, modificar (en el sentido gramatical de ‘servir de adjunto o complemento’) o sustituir (en el sentido de ‘ocupar el puesto [de otra cosa]’): El otoño precede al invierno; La calma sigue a la tempestad; El adjetivo modifica al sustantivo; El aceite sustituye a la mantequilla en esta receta.
m) Ante nombres de cosa que designan colectivos formados por personas, del tipo colegio, empresa, comité, consejo, institución, comunidad, etc., cuando el verbo denota una acción que solo puede ejercerse sobre personas, y no sobre cosas: Multaron a la empresa por realizar vertidos tóxicos; Convocaron a la comunidad de vecinos para que tomara la decisión definitiva.
1.2. Doble uso:
a) Ante nombres comunes de persona precedidos de un determinante indefinido, cuando son complemento directo de verbos que significan búsqueda, preferencia o necesidad, como buscar, necesitar, preferir, querer (‘desear, apetecer’), etc.: Busco un camarero o Busco a un camarero. En estos casos, la ausencia de la preposición implica que el complemento es inconcreto o inespecífico (es decir, alude a un individuo cualquiera dentro de la clase de personas designada por el nombre), mientras que el uso de la preposición implica que el complemento se refiere a una persona determinada de entre las de su clase, individualizada en la mente del hablante: Busco un camarero significa ‘busco a cualquier persona que pueda trabajar como camarero’ (y en este caso la oración de relativo, si la hubiere, llevaría el verbo en subjuntivo: Busco un camarero que sepa hablar inglés); por el contrario, Busco a un camarero significa ‘busco a un camarero concreto, que ya conozco’ (y en este caso la oración de relativo, si la hubiere, llevaría el verbo en indicativo: Busco a un camarero que sabe hablar inglés).
b) Con verbos como contratar, llevar, traer, etc., así como con los verbos de percepción ver y conocer, el complemento directo de persona desempeñado por un nombre común puede aparecer con preposición o sin ella. Como en el caso anterior ( a), la presencia de la preposición implica un mayor grado de especificidad o concreción del referente del complemento en la mente del hablante: Han contratado (a) un nuevo colaborador; Llevaré (a) unos amigos a la fiesta; Trajo (a) una mujer que no conocíamos; Pondré (a) varios jugadores en el centro del campo; Vi (a) algunos niños escalando la tapia; Conocí (a) una persona encantadora. Con nombres propios es obligatoria la preposición: Han contratado a María; Trajo a Juan, etc.
c) Con verbos que denotan «selección», como elegir, encontrar, escoger, etc., el complemento directo de persona, cuando es inespecífico, aun acompañado de artículo, puede aparecer con preposición o sin ella: Aún no he elegido (encontrado, escogido) al hombre con quien casarme o Aún no he elegido (encontrado, escogido) el hombre con quien casarme. Si el referente es concreto, es obligatoria la preposición: Eligió a su hermano; Encontré a Javier.
d) Cuando el complemento directo de persona precedido de preposición coincide en la oración con otro complemento que también la lleva (por ejemplo, un complemento indirecto), puede omitirse la que antecede al complemento directo, para evitar confusiones: Presentó (a) su novio a sus padres. Pero si el complemento directo es un nombre propio, es forzoso el uso de la preposición: Presentó a Juan a sus padres.
e) Los nombres comunes de animales se usan con preposición o sin ella en función de la mayor o menor proximidad afectiva existente entre el hablante y el animal: Suelta al caballo para que corra (mayor proximidad afectiva), frente a Suelta el caballo para que corra (menor proximidad afectiva). Por esta razón es muy frecuente el uso de la preposición con los nombres que designan animales domésticos, mientras que los nombres que designan animales no domésticos normalmente no admiten la preposición.
f) Ante nombres de cosa, el uso de la preposición depende del grado de personificación del referente: Esperó (a) la muerte con serenidad.
g) A veces, la presencia o ausencia de la preposición cambia el significado del objeto: En este país no se respeta nada a la Justicia (‘institución’), frente a En este país no se respeta nada la justicia (‘virtud’). A menudo cambia también el significado del verbo: Admiro a la Iglesia [= siento admiración por la institución], frente a Admiro la iglesia [= contemplo con deleite el edificio de una iglesia].
h) Es opcional el empleo de la preposición ante nombres de cosa cuando funcionan como complemento directo de algunos verbos que significan daño o provecho y que se construyen normalmente con un complemento directo de persona: El tabaco perjudica (a) la salud; La humedad afectó (a) los cimientos del edificio.
1.3. No se usa:
a) Ante nombres comunes que designan objetos inanimados: Puso el libro en la mesa; Regaló un automóvil a su padre.
b) Ante nombres comunes de persona en plural que carecen de determinante: He encontrado camareros para mi nuevo bar; Llevaré amigos a la fiesta. Sin embargo, cuando el complemento está formado por dos sustantivos coordinados, aun careciendo de determinante, llevan la preposición por ser consabidos: El público silbó a árbitros y jugadores; El Gobierno emplaza a sindicatos y empresarios a una nueva reunión; Reunieron a chicos y chicas en la misma aula.
c) Ante nombres propios de países o ciudades (el uso con preposición, habitual en épocas pasadas, prácticamente ha desaparecido de la lengua actual): No conozco Francia; Este verano he visitado Nápoles. Pero si estos nombres denotan no una realidad meramente geográfica, sino el conjunto de sus ciudadanos, se admite la preposición: Es capaz de engañar a media Italia. El resto de los nombres propios geográficos nunca llevan preposición: Cruzó el Tajo a nado; Escaló el Himalaya.
d) Ante nombres propios usados como comunes: Me compré el Picasso en una subasta.
e) Con el verbo impersonal haber, el complemento directo, aun denotando persona, se construye sin preposición: Hay alguien en la puerta; Solo había dos estudiantes en el aula.
f) Con el verbo tener, el complemento directo de persona, si es indeterminado, se construye sin preposición: Tienen dos hijos; Tiene una tía actriz; pero si va acompañado de un adjetivo en función de complemento predicativo que denota estados transitorios, se construye con preposición: Tiene a un hijo enfermo (la enfermedad se considera pasajera), a diferencia de Tiene un hijo invidente (la ceguera es permanente).
2. a por. El uso de esta secuencia preposicional pospuesta a verbos de movimiento como ir, venir, salir, etc., con el sentido de ‘en busca de’, se percibe como anómalo en el español de América, donde se usa únicamente por: «Voy por hielo y cervezas a la tienda» (Victoria Casta [Méx. 1995]). En España alternan ambos usos, aunque en la norma culta goza de preferencia el empleo de por: «¿Qué haces ahí? ¡Vete por el medicamento, por Dios!» (Aparicio Retratos [Esp. 1989]); «¿Te vas? [...] —Sí, bajo a por tabaco» (MtnGaite Fragmentos [Esp. 1976]). En realidad, no hay razones para censurar el uso de a por, pues en la lengua existen otras agrupaciones preposicionales, como para con, de entre, por entre, tras de, de por, etc., perfectamente normales. La secuencia a por se explica por el cruce de las estructuras ir a un lugar (complemento de dirección) e ir por algo o alguien (‘en busca de’), ya que en esta última está también presente la idea de ‘movimiento hacia’.
3. sustantivo + a + infinitivo: temas a tratar, problemas a resolver, etc. Estas estructuras sintácticas son calcos del francés y su empleo en español comenzó a propagarse en el segundo tercio del siglo xix. En el ámbito de la economía están ya consolidadas expresiones como cantidad a ingresar, cantidad a deducir, que permiten, incluso, la omisión del sustantivo: A ingresar: 25 euros. Son frecuentes en el terreno administrativo y periodístico expresiones idénticas a las anteriores, como temas a tratar, problemas a resolver, ejemplo a seguir, etc. Estas construcciones resultan más breves que las tradicionales españolas: problemas que hay que resolver, ejemplo que se debe seguir, etc. Su uso es especialmente frecuente cuando funcionan como sujeto o como atributo en oraciones copulativas: Los temas a tratar son dos; Esas son las cuestiones a dilucidar. En español solo son aceptables en algunos casos, por lo que se recomienda tener en cuenta las siguientes orientaciones generales:
a) Si la preposición a admite su sustitución por las preposiciones por o para, o el relativo que, sin que sea necesario cambiar la estructura de la construcción y sin que cambie el significado, debe desecharse la construcción galicada: Tenemos dos asuntos a tratar (mejor Tenemos dos asuntos que tratar); No hay más asuntos a discutir (mejor No hay más asuntos que/por/para discutir). Con respecto al uso de por en lugar de a, es necesario señalar que la construcción con por posee un matiz significativo adicional; así, no es exactamente lo mismo cantidad por pagar que cantidad a pagar: cantidad por pagar es ‘cantidad que queda todavía por pagar’, e implica que se han satisfecho otros pagos anteriormente, mientras que cantidad a pagar es, simplemente, ‘cantidad que hay que pagar’.
b) El verbo en infinitivo debe ser transitivo, pues en tales construcciones el infinitivo tiene valor pasivo; por tanto, no son admisibles oraciones como El lugar a pelear será las Vegas (pues no se dice pelear un lugar, sino en un lugar); La cuestión a hablar en la reunión es de escasa importancia (pues no se dice hablar una cuestión, sino de o sobre una cuestión).
c) El infinitivo debe estar en forma activa, pues, como ya se ha indicado, los infinitivos de estas construcciones ya tienen valor pasivo: El tema a ser tratado presenta dificultades (correcto: El tema a tratar).
d) Son normales estas construcciones con sustantivos abstractos como asunto, tema, ejemplo, cuestión, aspecto, punto, cantidad, problema y otros similares, y con verbos del tipo de realizar (se evita hacer por razones de cacofonía con la preposición a: tareas a hacer), ejecutar, tratar, comentar, dilucidar, resolver, tener en cuenta, considerar, ingresar, deducir, desgravar, descontar, etc. Pero no deben extenderse a otro tipo de enunciados, con otros verbos en infinitivo y con sustantivos que no sean abstractos: Los ladrillos a poner están en la furgoneta; Los libros a leer se encuentran en la mesa.
e) Por último, no hay que olvidar que, en muchos casos, su uso es superfluo y, por tanto, evitable; así, en una oración como Pedro es un ejemplo a seguir para todos nosotros, la secuencia de infinitivo a seguir es prescindible: Pedro es un ejemplo para todos nosotros.
4. sustantivo + a + sustantivo: barco a vela, cocina a gas, etc. La preposición que se emplea normalmente en español para introducir el complemento que expresa el modo o medio por el que funciona un determinado objeto es de: estufa de gas, cocina de leña, barco de vela, etc. El uso de a en estos casos es un galicismo que debe evitarse (aunque esté muy extendido, al menos en España, en los casos de olla a presión o avión a reacción). Se recomienda mantener el uso tradicional con de, vigente además en la mayoría de los países americanos: «Eche 4 tazas de agua en la olla de presión y póngala al fuego» (VV. AA. Cocina [Cuba 1997]); «En una esquina había una estufa de gas» (RRosa Sebastián [Guat. 1994]); «El proceso técnico de fabricación [...] de un avión de reacción» (DzCorral Rapto [Esp. 1953-74]). Sí es normal el uso de la preposición a para introducir complementos verbales que indican el modo de ejecutar la acción o el medio empleado para ello: llamar a gritos, moler a palos, bordar a mano, así como para introducir el complemento de sustantivos derivados de verbos de acción: pintura al óleo, grabado al agua fuerte, bordado a canutillo.
5. a + sustantivos que expresan unidad de tiempo: cinco veces al día, tres kilómetros a la hora. Para expresar distributivamente una cantidad en relación con una unidad de tiempo, se emplean en español las preposiciones a o por. Cuando pueden alternar ambas, se prefiere el uso de a con unidades de tiempo como día, mes, semana o año: Los musulmanes rezan cinco veces al día; Paso con mis padres dos días al mes; Asisto a clases de inglés dos días a la semana; Cobra tres millones al año. Pero con hora y unidades de tiempo inferiores, como minuto o segundo, cuando expresan frecuencia asociada a velocidad, solo es normal el uso de la preposición por: tres kilómetros por hora, ochenta pulsaciones por minuto, dos vibraciones por segundo (no tres kilómetros a la hora, ochenta pulsaciones al minuto, etc.).
6. a + sustantivos que designan partes del día: a la mañana, a la tarde, a la noche. Para introducir los complementos de tiempo relativos a las partes del día, en el español general se emplean normalmente las preposiciones por o en, esta última de uso frecuente en gran parte de América, aunque inusual en España (salvo cuando, a su vez, estos complementos llevan un complemento con de: en la tarde del sábado, en la mañana del lunes): «Ese hígado lo trajo el carnicero por la tarde» (Llamazares Río [Esp. 1990]); «El domingo en la mañana vi con sorpresa que a mi lado dormía una negra enorme» (Mutis Ilona [Col. 1988]). El uso de a solo es normal en la Argentina y, en España, entre hablantes vascos o catalanes: «Los sábados a la tarde reúne mucho público» (Dios Miami [Arg. 1999]); «Dada la hora local de comienzo del partido [...], entrenarán hoy a la mañana» (DNavarra [Esp.] 12.5.99); «La fiesta se aguó el miércoles a la tarde» (Vanguardia [Esp.] 1.7.94).
7. a la que o a lo que + verbo. En el habla popular suelen emplearse las construcciones a la que [Esp.] y a lo que [Am.] como locuciones conjuntivas de valor temporal equivalentes a cuando o a en cuanto: A la que llegó su padre, todo se aclaró; A lo que me vio, se hizo el distraído. En la lengua culta se dice En cuanto llegó su padre, todo se aclaró; Cuando me vio, se hizo el distraído; o bien se emplea la contracción al seguida del verbo en infinitivo: Al llegar su padre...; Al verme...
8. a + el. al.

Diccionario panhispánico de dudas. 2013.

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